La luna siempre ha fascinado a la humanidad. Un cuerpo celestial que, a pesar de su distancia, tiene un impacto profundo en la vida aquí en la Tierra.
En muchas tradiciones, la agricultura sigue el ritmo lunar, utilizando sus fases como guía para sembrar, podar y cosechar. Antes de llegar a Finca Sol y Valle, la luna me parecía un misterio lejano, pero en estos meses ha cobrado un significado especial: influye no solo en cómo cuido las plantas, sino también en cómo me cuido a mí misma.
Así como mueve las mareas, la luna afecta el crecimiento de las plantas. Su energía, junto con el flujo de agua y nutrientes en el suelo, varía según la fase en la que se encuentre. Aprovechar estos ciclos en la agricultura permite optimizar cada etapa del cultivo, obteniendo cosechas más saludables y abundantes.
Las fases lunares en la agricultura
🌗 Luna menguante (de llena a nueva)La energía desciende a las raíces, favoreciendo su desarrollo. Es el momento ideal para:
Siembra y trasplante, ya que la planta prioriza su enraizamiento.
Poda, minimizando la pérdida de savia y fortaleciendo su crecimiento.
Cosecha de bambú para construcción, ya que su menor contenido de azúcar lo hace más resistente a plagas.
🌑 Luna nuevaEs un tiempo de reposo, ideal para fertilizar y enriquecer el suelo. También es una fase propicia para el control de plagas y enfermedades e ideal para la cosecha de raíces y tubérculos como papa, yuca y malanga, cuando concentran más nutrientes.
🌒 Luna creciente (de nueva a llena)La energía asciende a hojas, tallos y frutos, promoviendo el crecimiento. En esta fase es recomendable:
Cosechar hojas y frutos, como lechugas, espinacas, tomates y berenjenas, cuando están en su punto óptimo de sabor y nutrientes.
Poda de plantas enfermas, favoreciendo su regeneración y sanación.
Entender estos ciclos permite armonizar la agricultura con los ritmos naturales, mejorando la productividad y la calidad de los cultivos.
La luna y el ciclo femenino
En nuestra comunidad, no solo seguimos la luna en la tierra, sino también en nuestros cuerpos. El ciclo menstrual se asemeja al lunar y reconocerlo nos ayuda a vivir con mayor equilibrio. Durante la menstruación, la energía es baja; tras ella, aumenta, alcanzando su punto máximo en la ovulación, cuando somos más creativas y activas.
Un aprendizaje valioso ha sido la alimentación cíclica: consumir semillas específicas según la fase hormonal. Entre la menstruación y la ovulación, se consumen semillas de calabaza, linaza y chía; mientras que después de la ovulación, son recomendables el girasol y el sésamo.
En la comunidad, honramos este ciclo con una hermosa tradición: cuando alguien menstrúa, recibe el título de "reina" y puede pedir un gesto de apoyo a cada miembro. Es una forma de reconocer los procesos internos y ofrecer cuidado mutuo, creando un espacio donde lo femenino florece sin vergüenza y con comprensión.
Conectar con estos dos ciclos lunares, el celeste y el interno, me ha permitido sentirme más en sintonía con la naturaleza. Cada fase nos trae oportunidades únicas: en la tierra, en el cuerpo y en el alma.
Nikita Hallgren Öhman

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